Nunca sabes exactamente como empiezan estas cosas, vas por la calle sin nada especial que hacer, delante de una oficina, con una mesa y un par de sillas puestas en la calle, una chica te invita a que te prestes a un test, tiene un maquinillo con una aguja de medición, al estilo de un voltímetro, de la caja salen dos cables que terminan en sendas asideras para que las agarres con las manos.
Y ella te explica que es un test acerca de la ansiedad, las emociones... (todo esto en inglés, y ya hace bastantes meses, entiendase la imprecisión). Te va indicando que te imagines en diferentes situaciones, y la aguja del maquinillo va reaccionando, supuestamente por lo que tu transmites a traves de las palmas de tus manos (aunque también es cierto que la caja tiene un regulador a modo de potenciometro, que la chica regula a su buen entender, con lo que la cosa queda un poco menos profesional. Se intuye una cierta relación causa efecto entre los movimientos de la mano sobre el potenciometro y el bailoteo de la aguja) mientras te explica que lo que se interpreta de las reacciones de la aguja es mucha ansiedad y esas cosas.
En esto una de las situaciones era imaginarse una experiencia negativa con alguien querido, algo que en buena lógica debería probocar la reacción de la aguja (al modo en como yo me imagino que funcionaría un detector de mentiras), pero ella no quiere perder la cocasión de ayudar a la ciencia y decide aportar su granito de arena dandole al potenciometro, la aguja se mueve (otras cosas no, pero los fenómenos físcicos como la electricidad, tienden a comportarse de forma muy predecible), ella me pregunta que qué interpreto yo de esa reacción, y yo tengo que decirle que “aún no me había dado tiempo de imaginar la situación”, oh.
Un par de preguntitas más, la aguja ya no se mueve (o me he muerto o es que me he vuelto frio como el hielo, no dejo transpirar ni la más mínima emoción), lo que ella interpreta como que “estoy reprimiendo dentro de mi mis emociones”.
Entonces, me invita a pasar a la oficina, porque quiere enseñarme un libro que ayuda a liberarse de esas represiones.
Entramos en la oficina, que está aún en obras, y veo en la pared colgado un logo y un cartel en el que, entre otras palabras en inglés, pone “Scientology”, así que era eso.
Entramos, tienen un recibidor con unos sofás, y entonces me enseña un libro, de no se quien, donde, claro, están todas las repuestas a los problemas, frustaciones y emociones reprimidas que ha revelado el test. Hasta se toma la molestia de ir a buscar una edición en castellano para que pueda leer un parrafo que al que quiere que eche un vistazo.
La cosa suena bastante a la imagen que yo tengo de las ideas de Freud, consciente y subconsciente, pero con otros nombres, emociones ocultas y demás. Le digo que no lo encuetro muy original. La conversación sigue un poco más con ella interntando convencerme de lo formidable que son las ideas del libro y yo discuendole sus argumentos sobre esas supuestas bondades. Finalmente su argumento se reduce a un ¿por que no probarlo, que pierdes?, y yo pienso “pues mi dinero” (aunque no se lo digo), y así acaba la campaña promocional del libro.
Pero, aún, me sugiere pasar a otra sala, a ver un video, yo pienso, y digo, en voz baja (no me llego a oir) “no, es suficente”, y ella, viendo que no estoy dispuesto, ya me da salida con un “quizas tienes prisa”, y así terminamos.
lunes, 28 de abril de 2008
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