jueves, 24 de abril de 2008

Día 9 - Fort Augustus - 24 de abril de 2008

Hoy he ido a dar un paseo por unos senderos que aparecen el el mapa, por la zona este del Ness y pasando cerca de un lago que provee de agua al pueblo. Pero el primer problema que me encuentro es que están en obras por la zona (creo que algún tipo de instalación hidráulica) así que tengo que variar la ruta, haciendo más camino por carretera. Y lo otro es que se ha puesto a llover, aunque no mucho, pero bueno, es incómodo, tampoco me quejo, porque he tenido suerte, si hubiera llovido en la costa no habría podido hacer la ruta de los acantilados. De todas formas estoy cansado, tengo ganas de ir hacia el sur, Escocia me empuja a que me valla. Con el tema de la lluvia he vuelto pronto, y a las 2 de la tarde ya estoy en el albergue, no se que haré por la tarde, supongo que le echaré una mirada al canal. Lo bueno del paseo han sido los arroyos y las cascadas que forman, es precioso.

Estando en el albergue, es curioso ver llegar una marea de gente, todos del mismo autobús.

Es raro estar otra vez, como escapando del sito, la verdad es que hoy está siendo un día muerto. Tengo ganas de terminar esta parte del viaje, y empezar a ver catedrales y caminar calles antiguas.

Lincoln espera.

Pues bien, si el principio de la tarde era terriblemente aburrido, la cosa fue progresando favorablemente, con un formidable cursillo de la vida y modos de lucha de los Highlanders, y una buena noche en el bar del albergue.
Lo cierto es que a pesar de mis problemas de comunicación con ellos, lo más interesante me está pasando con el grupo de australianos. Les tenían organizada una visita a una casa construida al modo como vivían en las Highlands hace siglos, y donde te explican el modo de vida que tenían.
El caso es que cuando se iban una de las chicas (Nota 24) me dijo: “¿Tu que haces? ¿te quedas? ¿vienes?” ... y allí fui.

La casa escocesa

Justo al lado del canal, en una casa que es tienda de souvenires y centro de visitantes, tienen una habitación donde ambientan como era una casa de los antiguos habitantes de las Highlands.
Con planta rectangular, con un solo local, donde se realizaban todas las actividades diarias, además de dormir, y de noche, en invierno, también de refugio para los animales domésticos.
Nos han comentado cosas sobre cuanta gente vivía en cada casa, y que en ocasiones se reunían todos los de un clan en una de ellas (por supuesto hay partes que no he entendido, o que entendía a medias).

Nos han enseñado los misterios de la falda escocesa, un gran trozo de tela que debidamente plisado, enrollado, recogido y amarrado sirve para todos los usos y situaciones.

Intentamos ahora explicar todo el proceso:
La falda es en realidad un enorme trozo de tela de lana, con muchísimos metros de largo, y de ancho, algo más del doble de la longitud que finalmente tiene la falda.

La tela se extiende en el suelo, y se plisa completamente, entonces hay que tumbarse de espalda sobre ella con la cintura a la altura deseada según valla a ser la longitud de la falda, ahora cogemos la tela por un extremo y tiramos lo suficiente para que nos cubra por delante, y después hacemos los mismo desde el otro extremo.
Una vez tapado, y aún tumbados, nos atamos la tela a la cintura (con un cinturón o trozo largo de tela hecho de lana).
Ahora nos levantamos y ya estamos bien tapados por delante, y con un gran trozo de tela por detrás, y es toda esa tela la que, jugando con las distintas combinaciones, atando extremos a la cinturas, poniendo otros sobre los hombros, creando espacios a modo de bolsillos, le da una enorme versatilidad para ser usada tanto en la vida de campo como en la guerra.

Esa es la falda de los hombre, las mujeres tenían una prenda a modo de camisón, y por encima una falda, similar a la de los hombres pero más sencilla.

Las armas.
Realmente estaban nacidos para la lucha, y luchar contra ellos debía ser terrible.

Aunque solo tenía daga, escudo y una especie de lanza, una vez más las posibilidades que se sacaban y la combinación de las armas son increíbles.

El escudo, del diámetro aproximado del antebrazo, que llevaban en el brazo izquierdo, al estar hecho con partes de metal, servía también como arma para golpear. Podían acoplarle un punzón largo en el centro para clavarselo al enemigo. Y también una daga larga que hacía de prolongación del brazo.

La lanza. Con un extremo terminado en punta metálica, y el otro con una gran hoja curva a modo de hacha, con un garfio.
Pensada para luchar tanto con soldados a pie como a caballo, el garfio servía para enganchar las extremidades.
También, aprovechando la hoja en curva, podían apoyarse en el suelo y recorrer muchos metros golpeando a los enemigos.


Y por la noche, en el albergue, música en directo, todo un hombre orquesta, con guitarra, armónica, un instrumento con pequeños platillo atado a un pie con los cordones de los zapatos, y con el otro pie golpeaba un micro embuelto con un trapo, para marcar el ritmo, tenía un repertorio variado pasando desde Van Morrison a Alanis, incluso pasando por el “Wish you were here”.

Intensa charla con una chica lituana, que ahora vive en Londres, cuyo nombre no recuerdo, pero es que era tan raro que cuando lo decía ya sabía que no podría recordarlo, y no tenía papel a mano para apuntarlo, además cuando se fue no la vi así que no pude pedirle el correo ni nada.

Y en mi última noche en Escocia, he probado el whisky escoces, asiduamente, wishky con hielo. En realidad se hace menos pesado que beber pintas de cerveza. También he probado una cerveza roja de aquí, u un botellín de vodka con sabor, de esos que vienen ya mezclados. No está mal, aunque es bastante suave 5% (Nota 25).

Los aviones caza pasan bajísimo sobre Fort Augustos.

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